Aracely disfrutando un paseo en playa junto a Cookie.

¿Cómo es vivir con un perro reactivo? Agotador, frustrante y hermoso.

Adopté a mi perrita Cookie a las 3 semanas de nacida, justo un mes antes de que empezara la pandemia. Como se imaginarán tuvo poca socialización debido a las cuarentenas, lo que la conlleva a desarrollar reactividad por miedo hacia personas, perros en rejas y otros perros reactivos.

Para los que no sepan, la reactividad es una respuesta involuntaria que generalmente se da en base a ladridos incontrolados hacia un estímulo en específico a falta de gestión emocional.

Al principio, cuando me di cuenta que Cookie ladraba descontroladamente hacia los otros estímulos me sentía confundida. No entendía porqué lo hacía, cómo ayudarla, ni lo que debía hacer yo en ese momento. Luego me di cuenta que al parecer toda la gente sabía qué hacer excepto yo, puesto que todos me daban consejos.

Los más comunes eran “Debes hacerle saber quién manda” “Lo que tienes que hacer es llamar a alguien que ella respete” “Con un papel de diario la asustas y listo, se acabó la maña.”  En ese momento me sentí incomprendida, y me di cuenta que tal vez ella se sentía de la misma manera, porque cuando yo siento miedo, no quiero que alguien me haga saber quién manda, lo que necesito es que me escuchen, me acompañen y me hagan saber que alguien está ahí para mí. Y ese fue el primer paso, hacia una educación amable y respetuosa de profesionales que me ayudarían a comprenderla y apoyarla.

Sin embargo, en el momento en que comienzas a ver a tu perro por lo que realmente es (un perro asustado e inseguro que no tiene idea de qué hacer) te sientes frustrado porque nadie más ve al perro que tú ves, nadie más lo comprende.

O eso crees tú, hasta que conoces gente que realmente entiende de perros, que te entiende a tí, que no te cuestiona por estarle dando premios y cariño cuando tu perro está a punto de reaccionar, que no te dice que lo que necesita es “mano dura” o “uno de esos collares mágicos”.

El camino a recorrer con un perro reactivo es largo, sacrificado y a veces tendrás ganas de abandonar todo. Pero cuando comienzas a avanzar, a comprender que tu perro no es tan diferente a los otros perros, cuando dejas de compararlo y amarlo por como es, y ves que hay muchas más personas pasando por lo mismo que tú, es reconfortante, hermoso y logras formar con tu perro una conexión única, que te das cuenta no sería la misma si las cosas se hubieran dado de manera distinta, quizás si nunca hubiera sido reactivo, no te habrías esforzado tanto por entenderlo mejor.

Cookie descansando junto a Canela.



Cookie actualmente tiene 3 años y puedo decir con orgullo que después de unos meses de aprender juntas, pude mirar hacia atrás y darme cuenta de lo mucho que habíamos avanzado, que mi Cookie era otra, y a la vez la misma. Y que yo, con ella también había cambiado, ahora soy mucho más empática y no volví a mirar a los perros reactivos ni a sus tutores de la misma manera.

A ti, que convives con un perro reactivo, comprendo tus emociones, tu esfuerzo y te animo a que sigas avanzando. Ponte metas claras y accesibles, pero no te olvides de disfrutar el camino. Tu perro es un ser único y es mucho más que “un perro reactivo.”

Cookie esperando su plato de alimentación.